El 25 de abril del año 1631, Diego Lázaro, uno de los primeros convertidos, participaba en una procesión por el día de San Marcos cuando tuvo una visión interior de San Miguel Arcángel que le habló.
Yo soy San Miguel Arcángel y he venido a decirte que es voluntad de Dios y mía que le digas a los habitantes de esta villa y de sus alrededores que en la barranca compuesta de dos montañas y frente a este lugar encontrarán una fuente milagrosa de agua que sanará todas las enfermedades. Está debajo de un gran peñasco. No dudes lo que te digo y no olvides lo que te mando hacer
Diego Lázaro, pensando que nadie creería, mantuvo aquello en silencio, pero unos días mas tarde se enfermó de gravedad. Al principio no pensó que su mal se debía a su desobediencia. Trece días mas tarde, en su agonía, en un instante de intenso terror, se produjo un rayo y apareció frente a sus ojos San Miguel. El arcángel tomó a Diego Lázaro, lo llevó a la barranca y le dijo: «Aquí, donde toque con mi callado, está la fuente de la cual te hablé durante la procesión. Debes darla a conocer o serás gravemente castigado«.
Cuando San Miguel tocó tierra con su callado, un fulminante rayo señaló el lugar de la fuente milagrosa. «La luz que vez desciende del cielo y es el poder que Dios esta dando a esta fuente de agua para la sanación de todas las enfermedades y necesidades espirituales. Hazlo saber a todos«. En ese mismo momento se sanó Diego Lázaro.
Solamente la familia de Lázaro creyó su historia y se fue con el a tratar de excavar el lugar señalado por San Miguel, pero les fue imposible remover las rocas que yacían sobre la fuente. De pronto se apareció un joven de extraordinaria apariencia y con fuerza sobrenatural removió las rocas, abriendo la fuente de agua milagrosa. Pero, así todo, Diego, por temor a la gente, no acató la orden de San Miguel.
Seis meses mas tarde, mientras participaba en la Misa, un dolor irresistible y extraño lo atacó. Tuvo que irse a su casa, y se sentía casi morir. San Miguel se apareció por tercera vez y le habló con voz de reproche: «¿Por qué eres tan cobarde y negligente en cumplir lo que te he encomendado hacer?, ¿Deseas que vuelva a castigarte por tu desobediencia?. Levántate y da a conocer lo que te he pedido».
Diego Lázaro se levantó, fue a la fuente, recogió agua en unos jarrones y fue donde el obispo quien lo recibió con amor paternal y le prometió investigar la aparición. El obispo pidió que se distribuyera el agua entre los enfermos de su familia y del hospital. Todos los que tomaron el agua se sanaron inmediatamente. Fue así que se iniciaron los eventos milagrosos que continúan hasta hoy.
Fuente: http://www.corazones.org