Entre la tercera y la cuarta aparición de San Miguel en la cima del Gargano, pasan once siglos. En este largo intervalo la Basílica vivió el apogeo de su gloria. Papas como San Gelasio, en el año 494, San Agapito en el 536. León IX en el 1409, que fue primo del emperador Arrigo III. El Papa Urbano II y el Papa Pascual II veneraron el Monte sagrado en el lejano 1093, y 1120. Alejandro III el gran adversario de Federico Barbosa subió al Gargano en el año 1174. En 1273, llegó a los pies de San Miguel el Papa Gregorio X. que fue recibido con gran pompa por el soberano de Nápoles, Carlo d”Angio.
Los ejemplos de los Papas fueron tomados devotamente por los soberanos católicos, emperadores y príncipes, que fueron a depositar su corona terrenal a los pies del Primer Angel para implorar su poderosa protección para sus Reinos. Así Eraclio, emperador Otón III de Sazona en el 999, que llegó de Roma con los Pies descalzos hasta la Gruta de San Miguel, por imposición de San Romualdo Abad.
En el año de 1021, Enrique II sucesor de Otón visitó la gruta con gran devoción. Entre los Suecos, Federico II, se enamoró tanto de la región de Puglia que construyó Foggia como ciudad imperial, cerca de la Silla de San Miguel. De esta gloria imperial del pasado son custodiados celosamente las muchas fortalezas y castillos destruidos y regados por todas partes. Como la Historia pasada y presente demuestra, los foggianos nunca se preocuparon de erigir un monumento digno al ilustre fundador de su ciudad y han olvidado la gloria de su pasado no común.
Pero los siglos pasan velozmente y se sumergen en el inmenso mar del Templo, como una pequeña gota de agua. Llegan y reinan los Angioni, después de ellos los Duraseis. La Reina Juana de Nápoles en 1452 visitó la Caverna, embelleció y enriqueció el Monte S. Angelo con Iglesias, un hospital, un hospicio y otros edificios.
Se puede creer que, los visitantes más esperados de este Príncipe celestial fueron y serán siempre los amigos íntimos de Dios, es decir los Santos. Entre los más conocidos de estos son San Francisco de Asís, Santa Brígida de Suecia, San Camilo de Lellis, Santo Tomas de Aquino, Santa Teresita del Niño Jesús, y muchos más recientemente el Papa Juan cuando todavía era cardenal, y el Padre Pío de Pietrelcina el gran estigmatizado y ferviente celador del Culto de San Miguel Arcángel.
A todos sus visitantes ya sea en el pasado o en el presente San Miguel dispensa gracias espirituales y materiales según la necesidad de cada uno y según la confianza en su poderosa intercesión ante Dios.
Fuente: Libro ¿Quién es San Miguel Arcángel? de Gloria Crux.