Los desterrados del Reino de San Miguel

San Miguel Arcángel Autor DesconocidoLa mayor parte de los Ángeles desarrolla  su actividad en el Cielo, como por ejemplo los Serafines o los siete Principados Supremos ante el Trono de Dios. El creador conociendo bien la fragilidad de la naturaleza humana después de la caída de los Progenitores, y el poder y la inteligencia astuta de los demonios, en su Paternal cuidado confía a cada hombre a la custodia atenta de un Ángel.

Dejar la visión beatífica, la Gloria, los esplendores del Palacio Celestial de Dios y venir a vivir entre los hombres en los pobres pueblitos o entre los mármoles helados de las casas de la ciudad, exige de estos espíritus angélicos un heroísmo tan sublime que sobrepasa también la capacidad de la nobilísima naturaleza angélica. Para prevenir este “martirio que no es merecido” Dios hizo un milagro grande que fue revelado por el mismo Jesús:

“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18, 10)

Estas palabras divinas testifican infaliblemente, que cada miembro de la familia humana tiene su Ángel que lo acompaña en su peregrinaje a la Patria Celestial.

San Miguel asiste, ilumina a cada Ángel de la Guarda en el cumplimiento de los propios deberes, Cada vez que liberan aun pecador de las garras de Satanás, hacen una gran fiesta como cuenta Jesús:

“Os aseguro que del mismo modo se llenarán de alegría los ángeles de Dios por un pecador que se convierta” (Lc 15,10).

¿Quién puede imaginar en esta vida el amor y la solicitud del Ángel de la Guarda por su protegido confiado por Dios a sus cuidados y vigilancia? Dolorosamente también entre los cristianos solo muy pocas almas toman en consideración este gran don y la gratitud por esto. Después de la muerte veremos de cuantas victorias somos deudores a nuestros Ángeles en la lucha contra el demonio, el mundo, la carne y los sentidos.

Nuestros Ángeles conocen muy bien la naturaleza y la malicia de sus ex compañeros, transformados en demonios. Saben que es un enemigo poderoso, incansable de preparar trampas e insidias de todo tipo a las almas débiles. La base de esta lucha cruel son los derechos, que el demonio ha adquirido sobre cada hombre a causa del pecado original, a través de los siglos hasta nuestros días con la falta de una recta intención en el matrimonio al transmitir la vida. Desde el seno maternal Satanás trata de influir en mal por las culpas de los padres y hace de todo para impedir que el recién nacido alcance la Gracia del Bautismo. Hoy Satanás avanza y canta “victoria” a gritos, cuando se acerca al uso de razón del demonio multiplica la atención, para causar impresiones negativas en los cinco sentidos y obscurecer la inteligencia con la ignorancia religiosa superficial.

Los Ángeles de la guarda contraponen a los demonios sus armas, como el Bautismo, fruto de la Redención, los caracteres de los Sacramentos, las oraciones, los sacrificios y las obras buenas de sus protegidos, y en la Era Católica si tienen devoción y filial obediencia a su gloriosa Reina María Santísima Madre admirable y refugio de los pecadores.

Muchas almas privilegiadas han pasado su existencia terrenal en compañía visible de sus Ángeles de la Guarda, como Santa Francisca Romana, Santa Gemma Galgani y más recientemente el Sacerdote por excelencia Padre Pío de Pietrelcina. Con qué gran intimidad él vivía en  la compañía visible de su Ángel, él mismo lo describe en una carta a su confesor del 5  de noviembre de 1912.

“Me dirijo a mi Ángel el cual después de haberse hecho esperar un momento, ¡está girando a mi alrededor y con su angélica voz canta himnos a la Divina Majestad!…

“Estoy siempre cerca de ti, mi dilecto joven –dice el Ángel- yo me doy las vueltas alrededor de ti con el afecto que suscitó tu reconocimiento para con el Dilecto del corazón: este afecto no se apagará para ti ni siquiera con la vida”.

Reflexionando sobre las palabras del Ángel, ¡tenemos la certeza que los Ángeles de la Guarda con sus protegidos conservan un amor recíproco por una eternidad! Es un deber cultivar este afecto en su vida, como demuestran los ejemplos luminosos de los Santos.

La gratitud del Padre Pío para con estos Príncipes celestiales era inmensa y nunca faltaba de inculcar en el corazón de sus hijos espirituales un verdadero amor y una verdadera devoción para con ellos, sobre todo por San Miguel Arcángel y para con los Ángeles de la Guarda. Para imitar su celo por ejemplo, esforcémonos para aceptar nuestra personal gratitud y devoción a San Miguel y a nuestro Ángel de la Guarda, invisible, pero real y verdadero amigo. Recemos en honor de estos Ángeles la “Corona Angélica”, diariamente si es posible.

Fuente:  Libro ¿Quién es San Miguel Arcángel? de Gloria Crux.

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