Oración contra todo mal con la protección de San Miguel
Devoción popularOración de liberación difundida por la piedad popular contemporánea, muy extendida en el ámbito de la renovación carismática.
Espíritu del Señor, Espíritu de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Santísima Trinidad, Virgen Inmaculada, ángeles, arcángeles y santos del paraíso, descended sobre mí.
Fúndeme, Señor, modélame, lléname de ti, utilízame.
Expulsa de mi todas las fuerzas del mal, aniquílalas, destrúyelas, para que yo pueda estar bien y hacer el bien.
Expulsa de mí los maleficios, las brujerías, la magia negra, las misas negras, los hechizos, las ataduras, las maldiciones y el mal de ojo; la infestación diabólica y la obsesión diabólica; todo lo que es mal, pecado, envidia, celos y perfidia; la enfermedad física, psíquica, moral, espiritual y diabólica.
Quema todos estos males en el infierno, para que nunca más me toquen a mí ni a ninguna otra criatura en el mundo.
Ordeno y mando con la fuerza de Dios omnipotente, en nombre de Jesucristo Salvador, por intermedio de la virgen Inmaculada, a todos los espíritus inmundos, a todas las presencias que me molestan, que me abandonen inmediatamente, que me abandonen definitivamente y que se vayan al infierno eterno, encadenados por San Miguel arcángel, por san Gabriel, por san Rafael, por nuestros ángeles custodios, aplastados bajo el talón de la Virgen Santísima Inmaculada.
Qué es esta oración
Es una oración de liberación: el fiel pide a Dios protección frente al mal e invoca la intercesión de San Miguel y de la corte celestial. Su estructura acumulativa —esa enumeración larga de males de los que se pide ser librado— es característica de la piedad popular, que nombra el temor para ponerlo delante de Dios.
Cuándo se reza
En momentos de temor, opresión o inquietud espiritual. Muchos la rezan al terminar el día o al comenzar una jornada difícil.
Qué conviene saber
Es devoción popular, no texto litúrgico ni rito de exorcismo, y cualquier fiel puede rezarla por sí mismo. La parte final, que ordena a los espíritus, se entiende siempre como súplica hecha en nombre de Cristo, nunca como potestad propia de quien reza. No sustituye a los sacramentos ni, cuando hay sufrimiento físico o psíquico, a la atención profesional.