San Miguel Arcángel

Espacio dedicado al príncipe de la milicia celestial

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Oración y Consagración a San Rafael

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(Para rezar el día 29 de Septiembre o en cualquier momento.)

Glorioso Arcángel San Rafael, Príncipe de la Corte Celestial. En presencia de la Santísima Trinidad, de la Inmaculada Virgen María, Nuestra Reina, y de los nueve coros angélicos, me consagro a ti para ser uno de tus siervos durante toda mi vida. ¡Oh, Santo Arcángel!, acoge benigno mi ofrenda y recíbeme en el número de tus protegidos.

¡Providente guía de los viajeros!, dirígeme durante la peregrinación peligrosa de esta vida.

¡Protector de los desvalidos! Líbrame de todos los peligros que amenazan mi alma y mi cuerpo.

¡Refugio y amparo de los desdichados! Socórreme en mi indigencia espiritual y corporal.

¡Consolador de los afligidos!, mitiga los dolores que oprimen mi corazón y llenan de angustia mi espíritu.

¡Celestial médico de los enfermos! Sana las dolencias de mi alma y consérvame la salud, a fin de que la emplee en servir de manera más fervorosa a nuestro Soberano Redentor.

¡Protector generoso de las familias!, dirige hacia la mía tu mirada bondadosa; que mis padres y todos los míos reciban los efectos de tu patrocinio.

¡Fortaleza de las almas atribuladas por la tentación!, líbrame de las peligrosas sugestiones del enemigo, y no permitas que caiga en sus lazos tentadores.

¡Bienhechor de las almas caritativas!, sé cuánto deseas que tus devotos se ejerciten en la caridad para con el prójimo. Con el fin de gozar de tu protección, te pido hoy que me ayudes a no perder ninguna oportunidad para acudir en socorro de mi prójimo.

Dígnate, ¡oh, Santo Arcángel!, escuchar mi humilde oración, y alcánzame la gracia de sentir, durante la vida, y mucho más en la hora de mi muerte, los efectos de tu poderosa protección. Amén.

Fuente: Padre Ramón Ricciardi/Editorial Verdad y Vida S. A. de C. V.

Escrito por Editorial

13 diciembre 2011 a 12:00 PM

Oración final a San Rafael Arcángel

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¡Glorioso Arcángel San Rafael, celeste mensajero destinado por Dios para servirnos de guía en la peregrinación de esta vida para defendernos contra las asechanzas del demonio y para curar las enfermedades de nuestra alma y de nuestro cuerpo! Nosotros invocamos tu poderosa intercesión, seguros de que alcanzarás para nosotros y para nuestras familias, aquellas gracias singulares que dispensaste en la santa casa de Tobías.

Bien sabes, piadoso Arcángel, que nuestro viaje del tiempo a la eternidad está sembrado de peligros, y que el demonio como león rugiente nos persigue para causar heridas profundas en nuestras almas hasta apagar en ellas, si le fuera posible, la luz salvadora de la fe. Ven pues, en auxilio nuestro y dígnate ser nuestro inseparable compañero. Dirige nuestros pasos por el camino de los mandamientos divinos; haz que nuestros ojos estén siempre abiertos al sol de la verdad; procúranos los remedios más eficaces para sanar y dar vigor a nuestro espíritu y enséñanos a vencer a Satanás con las armas poderosas de la oración, de la vigilancia y de la mortificación de nuestros sentidos.

Afianza en nuestras familias el reinado de la fe, la práctica constante de la piedad, el espíritu de unión y el ejercicio de la santa caridad a favor de los pobres y de nuestros queridos difuntos, a fin de que ellas obtengan del cielo las abundantes bendiciones que por mediación tuya derramó Dios sobre el hogar de Tobías.
¡No nos abandones, pues, oh, Santo Arcángel! Vela siempre a nuestro lado para que sostengas nuestros pasos, cada vez que nos sintamos desfallecidos en la penosa y difícil jornada de la vida. Nuestro Padre Dios que está en los Cielos, y que es también el tuyo, nos ha confiado a tu tierna solicitud, para que seas nuestro guía en el destierro, nuestro consejero en las dudas y nuestra medicina en las enfermedades. Corona tu obra de amigo fiel y de seguro conductor, acompañando nuestras almas hasta dejarlas en los brazos de su Creador para alabarle y bendecirle contigo eternamente, Amén.

Escrito por Editorial

6 diciembre 2011 a 12:00 PM

Oración para todos los días al Arcángel Rafael

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¡Oh, glorioso Arcángel San Rafael, que estás presente ante el trono del Altísimo! Yo, tu indigno, pero devoto admirador, me humillo en tu presencia. Conociendo por una parte mi indignidad, y por otra tu ardiente caridad, te suplico de lo íntimo del corazón, te dignes escuchar mis humildes ruegos y presentarlos ante el Señor para obtener por tu mediación los favores que solicito en esta novena.

Mas, si mi súplica no ha de contribuir a la mayor gloria de Dios y salvación de mi alma, te ruego, ¡Oh celestial protector mío!, me escojas tú la gracia que me ha de conducir con más seguridad a la eterna salvación. No mires tanto mis deseos, cuanto al bien de mi alma. Lleno de una entera confianza en Ti, espero alcanzar lo que solicito por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos Amén.

Escrito por Editorial

29 noviembre 2011 a 12:00 PM

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